El Tero
Es una mañana fría, la cría de un tero murio en mi jardín. Desesperado, el animal, toma el pequeño cuerpo de su hijo y lo trae a mis pies. Con un desgarrador grito de dolor, me suplica haga algo para salvarlo. Yo, sin mucha esperanza me agacho e intento reanimar al pichon, transmitiendole calor con mis manos y mi aiento. Cosa inesperada, la diminuta ave se recupera y comienza a clamar por su madre. Y mediante unos desenfrenados saltos y gritos de agradecimiento, (los cuales casi podrian interpretarse como violentos, dada la torpeza del pájaro), me embarga una emocion de felicidad, fruto de haber salvado una vida.




